Boca ya conoce el último obstáculo antes de la gran final de la Copa Sudamericana. Después de superar a San Pablo con un 1-0 en La Bombonera y un trabajado 1-1 en el Morumbí, el equipo de Rodolfo Arruabarrena enfrentará a Vasco da Gama, que eliminó a Independiente Santa Fe con un global de 2-0. La serie comenzará en nuestra cancha y se definirá en Brasil.  A primera vista, los números del conjunto carioca pueden engañar. Vasco está 17° en el Brasileirao con 28 puntos, metido de lleno en la pelea por escapar de la zona de descenso. Tiene los mismos puntos que Internacional y Gremio, aunque cuenta con un encuentro pendiente frente a Chapecoense. Si solamente miramos la tabla brasileña, podríamos pensar que Boca recibió un rival accesible. Sería un error enorme.  Porque el Vasco que empezó mal el campeonato no es exactamente el mismo que enfrentaremos nosotros. Después del Mundial asumió el portugués Pedro Emanuel y el equipo empezó a reaccionar. En sus primeros 18 encuentros al frente del conjunto carioca registró ocho triunfos, seis empates y solamente cuatro derrotas. Más importante todavía es la tendencia reciente: en sus últimos siete partidos consiguió cinco victorias, un empate y apenas una caída.  Es decir: Boca enfrentará a un equipo que pelea abajo, pero que viene levantando. Y en las copas la realidad de Vasco es completamente distinta a la del Brasileirao. Terminó segundo en su grupo de Sudamericana y después fue dejando en el camino a Independiente Medellín, Olimpia e Independiente Santa Fe. Además, también alcanzó las semifinales de la Copa de Brasil, donde deberá medirse con Palmeiras.  Eso alcanza para entender que no estamos frente a un equipo destruido. Vasco también salió al mercado buscando soluciones y puso especialmente los ojos en jugadores conocidos por nosotros. Incorporó a Alan Lescano, Santiago Sosa y Facundo Colidio, tres futbolistas con pasado reciente en el fútbol argentino. Sosa rápidamente encontró lugar y Colidio ya empezó a generar impacto en el Brasileirao.  Sin embargo, hay una muy buena noticia para Boca: Colidio no podrá disputar las semifinales. Vasco lo inscribió fuera del plazo establecido por Conmebol y el exdelantero de RiBer quedó imposibilitado de participar en la serie.  Una preocupación menos. También aparece un nombre que conocemos demasiado: Marino Hinestroza. El colombiano fue uno de los jugadores que Riquelme buscó durante el mercado de pases y terminó eligiendo Vasco. Su presente, de todos modos, está bastante lejos de justificar aquella interminable novela: acumula 29 partidos sin goles y apenas una asistencia desde su llegada al fútbol brasileño.  El plantel brasileño tiene además futbolistas experimentados como Tchê Tchê, Thiago Mendes y Jair, junto con los colombianos Carlos Cuesta, Johan Rojas y Diego Gómez. No será un rival lleno de superestrellas, pero sí un conjunto con experiencia, físico y cada vez mayor confianza.  Por eso nosotros no queremos escuchar hablar de una semifinal sencilla. Ya llegamos demasiado lejos para cometer ese error. Boca hizo un enorme trabajo para eliminar a San Pablo. Ganó en nuestra cancha y después soportó la presión del Morumbí para conseguir la clasificación. Ahora aparece un rival que, por nombres e historia reciente, puede parecer menos intimidante que el anterior. Precisamente ahí está el peligro. Las semifinales no se ganan mirando la tabla del Brasileirao. Se ganan jugando. Y nosotros tenemos además una deuda que todavía no desapareció. El empate frente a San Pablo estiró a 11 partidos la peor racha de Boca sin ganar en Brasil. Nuestro último triunfo allí continúa siendo aquel 1-0 frente a Internacional en diciembre de 2020.  Eso vuelve todavía más importante la ida. Boca recibirá a Vasco el martes 13 o miércoles 14 de octubre, mientras que la revancha será una semana después, el 20 o 21, en Brasil. Los días y horarios definitivos todavía deben confirmarse.  Nuestra obligación tiene que ser la misma que frente a San Pablo, pero con una enseñanza adicional: esta vez necesitamos intentar construir una diferencia mayor en La Bombonera. El 1-0 ante San Pablo terminó alcanzando, pero nos obligó a sufrir hasta el final en el Morumbí. Si Boca tiene la posibilidad de sacar dos goles de diferencia frente a Vasco, no puede levantar el pie pensando en administrar la serie. Hay que ir a buscarlo. Además, ni siquiera está definido dónde se disputará la revancha. São Januário no cumple con el mínimo de 30.000 espectadores establecido para esta instancia y Vasco analiza alternativas. El Maracaná y el Nilton Santos aparecen entre las posibilidades, aunque el club brasileño tampoco descartó intentar conseguir una excepción para utilizar su estadio.  Sea donde sea, Boca tendrá que volver a Brasil. Y ya sabemos cuánto nos viene costando ganar ahí. Por eso tampoco hay que dejarse llevar por la posición de Vasco en su campeonato. Sería tan equivocado tenerle miedo como subestimarlo. Boca está en semifinales porque hizo méritos para estar. Eliminó a San Pablo, recuperó futbolistas, encontró respuestas en varios pibes y Arruabarrena consiguió construir un equipo bastante más competitivo que el que vimos durante otros momentos de la temporada. Ahora queremos el siguiente paso. No estamos entre los cuatro mejores para conformarnos. Vasco tiene jugadores interesantes, está levantando y en las copas mostró una versión mucho más sólida que en el Brasileirao. Hay que respetarlo. Pero también tiene problemas, está peleando abajo en su torneo y deberá venir primero a nuestra casa. La final está a 180 minutos. Vasco merece respeto, nunca miedo. Y si Boca quiere volver a levantar una copa internacional, tiene que hacer valer La Bombonera, sacar una buena diferencia y viajar a Brasil sabiendo que esta oportunidad no se puede dejar pasar.