Leandro Paredes volvió a demostrar contra San Pablo que está varios escalones por encima. Maneja los tiempos, prácticamente no entrega mal una pelota, encuentra pases que otros no ven y, cuando el partido se atasca, siempre parece tener una solución. No hace falta exagerar: hoy es el jugador que más jerarquía le aporta a Boca.  Hasta ahí, ninguna discusión. El problema empieza después. Porque un equipo grande puede tener una figura. Incluso puede depender bastante de ella en ciertos momentos. Lo que no puede hacer es necesitarla para casi todo. Y eso es justamente lo que Boca empieza a mostrar cada vez con mayor claridad. Cuando Paredes juega, el equipo tiene otro sentido. Cuando no está, cuesta encontrar quién acelere, quién pause, quién rompa una línea con un pase o quién ordene a los demás. Y si además falta Tomás Aranda, lesionado, la diferencia se vuelve todavía más evidente. La columna de TyC plantea justamente esa preocupación: Boca tiene pocas individualidades capaces de recibir la pelota y resolver una situación por calidad propia.  Nosotros compartimos buena parte del diagnóstico, aunque con alguna diferencia. No creemos que Miguel Merentiel carezca de jerarquía simplemente porque todavía no haya ganado campeonatos con Boca. La Bestia hizo goles importantes, se bancó momentos difíciles y muchas veces sostuvo al equipo desde el esfuerzo y el área. Otra cosa es decir que no es ese delantero que inventa una jugada donde no existe. Ahí sí aparece el problema. Boca tiene muchos futbolistas útiles. Tiene jugadores de recorrido. Tiene algunos que pueden rendir bien cuando el equipo funciona. Lo que escasea son aquellos capaces de cambiar un partido solos. Y eso, después de varios mercados de pases, obliga inevitablemente a mirar hacia arriba. Porque Paredes llegó y rápidamente mostró qué significa contratar jerarquía verdadera. No necesitó seis meses para explicar por qué juega. No necesitó una campaña para justificar su nombre. Se puso la camiseta y prácticamente desde el comienzo empezó a manejar al equipo. Entonces la comparación termina siendo inevitable con otras apuestas de la dirigencia. Sebastián Villa volvió con una enorme mochila detrás y hasta ahora no consiguió transformarse en un futbolista decisivo de manera sostenida. Enner Valencia llegó con un currículum internacional importante, pero todavía está intentando adaptarse y no marcó diferencias. Carlos Palacios continúa buscando continuidad después de una etapa atravesada por problemas físicos. Alan Velasco empezó a levantar y eso merece reconocerse, aunque todavía necesita sostenerlo durante mucho más tiempo. Ahí está el verdadero debate. Boca incorporó nombres, pero no necesariamente incorporó suficiente jerarquía. No es lo mismo. Un mercado no se evalúa contando cuántos jugadores llegaron. Se evalúa preguntando cuántos mejoraron realmente al equipo. Paredes lo hizo. Santiago Ascacíbar también aportó muchísimo desde otro lugar: presión, recuperación, intensidad y llegada. Álvaro Montero empezó a responder después de algunas dudas iniciales. Pero cuando miramos especialmente de mitad de cancha hacia adelante, cuesta encontrar futbolistas que generen esa sensación de que en cualquier momento pueden decidir un partido. Y en Boca eso pesa mucho. Porque jugamos competiciones donde los partidos importantes muchas veces se resuelven con una acción. Una pelota parada. Un pase filtrado. Un mano a mano. Un remate desde afuera. Una gambeta. Contra San Pablo quedó bastante claro. Boca no produjo una avalancha ofensiva, pero Paredes encontró los espacios y participó de las jugadas que terminaron inclinando el encuentro. TyC incluso sostiene que el capitán “juega otro deporte” respecto del resto del plantel y que perfectamente podría estar en el mediocampo de un gigante europeo.  La frase puede sonar exagerada. La diferencia dentro de Boca, no. Y esto también debería preocupar a Arruabarrena. El Vasco puede trabajar funcionamiento, movimientos, presión y sociedades. Para eso está. Pero hay momentos en que el entrenador necesita mirar al banco y encontrar soluciones que no dependan exclusivamente del sistema. Hoy eso no sobra. Leonel Flores aparece como una apuesta interesante. Facundo Herrera está creciendo muchísimo. Aranda había empezado a transformarse en una pieza diferente antes de lesionarse. Son buenas noticias. Pero también estamos hablando de chicos. Y no debería ocurrir que un plantel construido con inversiones importantes dependa tanto de un futbolista de 19 años lesionado y de Paredes para encontrar creatividad. Ahí vuelve la responsabilidad dirigencial. Riquelme dijo recientemente que está muy conforme con el mercado. Perfecto. Tiene derecho a estarlo. Pero nosotros tenemos derecho a mirar la cancha y preguntarnos si realmente Boca quedó armado con la jerarquía necesaria para competir por todo. Porque la diferencia entre Paredes y varios compañeros es demasiado grande. Y tampoco sería justo cargar todo sobre él. Paredes viene arrastrando molestias físicas y Boca ya lo necesitó antes de estar completamente recuperado. Si el equipo depende tanto de su presencia, aparece el riesgo de exigirle siempre un partido más, siempre otros 90 minutos y siempre otra solución. Eso no es saludable para ningún plantel. Un equipo fuerte debería permitir que su mejor jugador marque diferencias. No obligarlo a resolver absolutamente todo. Y quizás eso sea lo que más preocupa hoy. Boca ganó contra San Pablo y estamos arriba en una serie importantísima. Herrera respondió, Velasco mostró crecimiento, Merentiel convirtió y Montero sostuvo cuando hizo falta. Hay cosas positivas y corresponde marcarlas.  Pero una victoria tampoco debería impedirnos mirar lo que falta. La dirigencia gastó, incorporó y aseguró estar satisfecha con el plantel. Ahora la cancha empieza a emitir su propio veredicto. Paredes tiene jerarquía de sobra. El problema es que Boca todavía necesita encontrar mucha más alrededor suyo. Porque un equipo que quiere volver a ganar títulos internacionales no puede esperar que su capitán haga de conductor, salvador y solución cada vez que el partido se complica.