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El Vasco subió la vara: “Tenemos que salir campeón de algo”

Boca eliminó a San Pablo en el Morumbí y está entre los cuatro mejores de la Sudamericana. Arruabarrena valoró la personalidad del equipo, pero dejó una frase que marca la exigencia de acá a fin de año: seguimos vivos en tres competencias y alguna tiene que quedar en casa.

  • 16/09/2026 • 01:01



Boca está en semifinales de la Copa Sudamericana. Lo consiguió empatando 1-1 contra San Pablo en el Morumbí, haciendo valer el 1-0 obtenido en La Bombonera y superando una prueba que podía marcar definitivamente el semestre. Y después de la clasificación, Rodolfo Arruabarrena no se escondió detrás de frases de compromiso: “Tenemos que salir campeón de algo”. 

Nos gusta escucharlo.

Porque Boca puede valorar el crecimiento, celebrar haber eliminado a un gigante brasileño y reconocer que el equipo empieza a mostrar una identidad. Pero tampoco podemos perder de vista dónde estamos. Seguimos en carrera en la Sudamericana, en la Copa Argentina y en el Torneo Clausura. Llegado este punto, competir ya no alcanza.

Hay que ganar algo.

El Vasco fue cuidadoso inmediatamente después de pronunciar esa frase. También pidió tranquilidad, recordó que todavía falta mucho y sostuvo que Boca necesita acercarse a los primeros puestos del campeonato. Pero el mensaje quedó instalado y representa exactamente la vara que debería tener este club. 

Boca no hizo una serie perfecta contra San Pablo, pero hizo una serie seria.

Ganó 1-0 en nuestra cancha y viajó al Morumbí sin esconderse detrás de aquella ventaja. Ese probablemente sea uno de los mayores méritos de la clasificación. Veníamos marcando una deuda enorme de este equipo como visitante y, justamente en el escenario más pesado que había enfrentado desde el regreso del Vasco, apareció una versión con personalidad.

Arruabarrena destacó que durante el primer tiempo Boca dominó diferentes aspectos del partido y explicó que el plan fue presionar arriba, recuperar en campo rival y aprovechar los espacios. En el complemento San Pablo adelantó líneas y generó más peligro, pero el Xeneize consiguió sostener el resultado global incluso después del empate brasileño. 

Eso es lo que necesitábamos ver.

No queríamos un Boca refugiado durante 90 minutos alrededor de Montero, rezando para que pasara el tiempo. Queríamos un equipo que entendiera que también podía jugar en Brasil. Y durante buena parte de la noche lo hizo.

Por supuesto que hubo sufrimiento en el final. Somos Boca, parece imposible hacerlo de otra manera. Pero existe una diferencia enorme entre sufrir porque un rival como San Pablo te empuja en su cancha y entregarle voluntariamente el partido.

Esta vez Boca compitió.

Y el Vasco también destacó algo que puede resultar todavía más importante pensando hacia adelante: está “orgulloso del grupo y de la unión”. El plantel viene atravesando una seguidilla exigente de partidos y lesiones, con poco margen de recuperación entre encuentros, pero consiguió responder en una noche donde cualquier debilidad quedaba expuesta. 

También volvió Milton Delgado.

El juvenil regresó después de 12 días y Arruabarrena destacó todo lo que aporta defensivamente. Incluso reconoció que le sorprendió que pidiera el cambio por cansancio, justamente porque conoce su enorme capacidad física. Otra vez un pibe surgido del club respondiendo en uno de los escenarios más difíciles de Sudamérica. 

Eso también explica parte del crecimiento de este Boca.

Paredes le dio jerarquía y conducción. Ascacíbar aportó despliegue. Los juveniles le dieron piernas, hambre y personalidad. Arruabarrena consiguió construir una base y algunos futbolistas que estaban cuestionados empezaron a responder.

Pero ahora viene la parte más difícil.

Transformar el crecimiento en títulos.

Porque podemos decir que Boca está mejor y sería cierto. Podemos reconocerle al Vasco que recuperó competitividad y también sería justo. Podemos festejar estar nuevamente entre los cuatro mejores de una copa internacional.

Pero la historia de Boca no se escribe con “mejoramos”.

Se escribe ganando.

El propio Arruabarrena acaba de colocarse esa presión y nos parece saludable. No prometió que Boca vaya a ganar todo ni cayó en una declaración grandilocuente. Dijo algo bastante más lógico: estando vivos en tres frentes, hay que salir campeón de alguno. 

En la Sudamericana ya solamente quedan dos escalones. El próximo rival será Vasco da Gama, nuevamente en una serie de ida y vuelta contra un brasileño. Antes habrá que seguir peleando el Clausura y también está pendiente el cruce de Copa Argentina ante Racing. 

Ahí empezaremos a comprobar realmente hasta dónde llega este equipo.

Porque también conocemos sus limitaciones. El plantel sigue siendo corto en determinados puestos, algunos refuerzos todavía están muy lejos de justificar lo que Boca esperaba de ellos y existe una diferencia considerable entre algunos titulares y sus reemplazantes. Llegar vivo a tres competencias es una buena noticia; sostenerlas simultáneamente será un desafío enorme.

Arruabarrena tendrá que administrar.

Y la dirigencia también deberá entender que si Boca termina peleando títulos hasta las últimas instancias será por un equipo que encontró respuestas pese a varias falencias de planificación que venimos señalando durante todo el semestre. Una clasificación importante no tiene que borrar las críticas anteriores de la misma manera que una mala noche no debería borrar todo lo que ahora se está haciendo bien.

Hoy corresponde reconocer al equipo.

Fue al Morumbí, se plantó y consiguió la clasificación. El Vasco dijo que se sintió representado durante los 90 minutos y que, pese al sufrimiento final, vio un Boca serio. 

Nosotros también.

Pero ahora queremos más.

Ya no estamos hablando de reconstruir un equipo golpeado ni de empezar a encontrar funcionamiento. Estamos hablando de un Boca semifinalista de una copa internacional y todavía con posibilidades en las otras dos competencias que disputa.

Por eso la frase de Arruabarrena es tan importante.

“Tenemos que salir campeón de algo”.

Exactamente, Vasco.

Llegar hasta acá tiene mérito. Eliminar a San Pablo en el Morumbí también. Recuperar una identidad competitiva después de tantos golpes merece reconocimiento.

Pero somos Boca. Si llegamos vivos a septiembre en tres competencias, alguna vuelta tenemos que dar. Ahora llegó el momento de transformar las buenas sensaciones en algo que quede en las vitrinas.