Este Boca empieza a acostumbrarnos a algo que durante demasiado tiempo nos costó encontrar: competir, jugar y ganar partidos importantes. Apenas unos días después de conseguir la clasificación a las semifinales de la Copa Sudamericana en el Morumbí, el equipo de Rodolfo Arruabarrena fue al Nuevo Gasómetro, venció 2-0 a San Lorenzo y se llevó un clásico que también era fundamental para acomodarse en el Torneo Clausura y en la tabla anual.  Y esta vez no necesitamos buscar demasiadas excusas ni maquillajes. Boca fue superior. El partido empezó trabado, como suelen empezar estos clásicos, pero el equipo mostró desde temprano una actitud que venimos reclamando desde hace meses. No fue a esperar a San Lorenzo. Intentó manejar la pelota, presionó y buscó jugar en campo rival. El encuentro empezó a inclinarse todavía más cuando Manuel Insaurralde fue expulsado en el primer tiempo y dejó al Ciclón con diez.  También hay que contar toda la historia: Facundo Herrera ya estaba amonestado y sobre el cierre de la primera mitad protagonizó un pisotón sobre Rodrigo Auzmendi que San Lorenzo reclamó como segunda amarilla. Nazareno Arasa no sancionó siquiera infracción y Arruabarrena, consciente del riesgo, lo reemplazó en el entretiempo por Marco Pellegrino. Fue una jugada discutible que podría haber cambiado el escenario del clásico y corresponde reconocerla aunque nos haya favorecido.  Después apareció Leandro Lozano. El lateral abrió el partido en el complemento y volvió a convertir después de haber marcado también en el Morumbí. Dos partidos consecutivos haciendo goles y, sobre todo, mostrando que no se conforma con defender. Se proyecta, participa y hoy le está dando al Vasco una solución en un sector donde Boca necesitaba certezas.  Y después llegó la Bestia. Miguel Merentiel puso el 2-0 y terminó de liquidar el clásico. Un gol importante para Boca y también para un delantero al que siempre le reconocemos algo, incluso cuando no convierte: nunca deja de pelear. Puede tener mejores o peores partidos, pero corre, choca, presiona y obliga permanentemente a los centrales rivales a jugar incómodos.  Pero quizás lo más importante de esta victoria no esté solamente en los goles. Está en el momento. Boca venía de jugar una serie durísima contra San Pablo. Había ganado 1-0 en La Bombonera y después consiguió la clasificación en Brasil. Podía aparecer el cansancio, la relajación o esa clásica desconcentración posterior a una noche copera. No apareció nada de eso. Arruabarrena decidió sostener prácticamente la misma estructura y el equipo respondió. Paredes volvió a manejar los tiempos, Ascacíbar aportó intensidad, Milton Delgado regresó al mediocampo y Alan Velasco continuó participando de un Boca que cada vez depende menos de una inspiración aislada. El propio Paredes terminó utilizando una expresión contundente: habló de un “partido perfecto” y explicó que el plantel hizo un “clic mental”. También reconoció el trabajo del cuerpo técnico y sostuvo que el grupo entendió que al juego había que agregarle intensidad y predisposición con y sin pelota.  Quizás ahí esté la explicación más interesante de lo que estamos viendo. Porque este Boca no se transformó mágicamente en un equipo perfecto. Sigue teniendo defectos. Seguramente volverá a jugar mal algún partido y todavía no ganó ningún título. Pero hay algo diferente en la manera de competir. Ya no parece aquel Boca que se saboteaba permanentemente. Hace unas semanas hablábamos de un equipo incapaz de cerrar partidos, que se dejaba empatar sobre el final y que afuera de La Bombonera prácticamente nunca ganaba. Hoy viene de superar a San Pablo en el Morumbí y acaba de ganarle 2-0 a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro. Eso es crecimiento. Y también corresponde reconocerle parte del mérito a Arruabarrena. Al Vasco lo criticamos cuando Boca no encontraba respuestas y cuando algunas decisiones no funcionaban. Por eso ahora sería absurdo mirar para otro lado. Encontró una base, respaldó juveniles como Herrera y Delgado, recuperó futbolistas que venían cuestionados y consiguió algo fundamental: que el equipo empiece a reconocerse dentro de la cancha. Los números acompañan esa sensación. Boca llegó a 15 encuentros consecutivos sin derrotas, alcanzó los 17 puntos en el Clausura y quedó dentro de los puestos de clasificación a los playoffs. Además, suma 47 unidades en la tabla anual y está metido de lleno en la pelea por volver a la Copa Libertadores.  Y todavía hay más. Boca está en semifinales de la Copa Sudamericana, donde enfrentará a Vasco da Gama, y el próximo domingo 27 tendrá otro partido enorme: Racing por los cuartos de final de la Copa Argentina.  Ahí estará el próximo examen. Porque tampoco queremos caer ahora en el extremo contrario. Hace algunas semanas Boca era un desastre para muchos y ahora no puede convertirse de repente en una máquina imbatible. Arruabarrena fue bastante más prudente después del clásico: recordó que todavía falta media temporada y que el equipo aún no consiguió nada.  Nos parece perfecto. Que el hincha se ilusione. Nosotros también nos ilusionamos. Para eso vivimos el fútbol. Pero que el plantel mantenga los pies sobre la tierra. Lo que sí podemos decir es que hoy tenemos razones futbolísticas para creer. No solamente una racha, no solamente resultados. Boca empieza a mostrar una identidad, encontró una formación reconocible y está respondiendo cuando llegan los partidos que pesan. Bajo un diluvio que incluso provocó un corte de luz en el Nuevo Gasómetro, Boca terminó imponiéndose 2-0 y llevándose un clásico que necesitábamos ganar.  Hace poco nos preguntábamos cuándo este equipo iba a dejar de ponerse obstáculos solo. Hoy la pregunta empieza a ser otra. ¿Hasta dónde puede llegar este Boca si mantiene esta mentalidad? Todavía no lo sabemos. Pero después del Morumbí y de este 2-0 ante San Lorenzo, por primera vez en bastante tiempo tenemos ganas de averiguarlo.