Boca parecía haber cerrado definitivamente su mercado de pases. Sin embargo, la venta de Kevin Zenón al Atlas de México modificó los planes y ahora Rodolfo Arruabarrena considera necesario evaluar la llegada de otro mediocampista. No existe todavía un nombre que convenza, hubo varios ofrecimientos y el tiempo juega en contra: el plazo vence el lunes.  Y la situación deja una pregunta inevitable: si Zenón era una alternativa importante para el Vasco, ¿por qué Boca decidió venderlo sin tener preparado un reemplazante? Nosotros entendíamos la salida del jugador. Zenón llevaba tiempo buscando mayor continuidad, había dejado de ser indiscutido y Atlas apareció finalmente con una propuesta de compra definitiva. Boca tenía el 80 por ciento de su ficha y la operación se cerró en seis millones de dólares, por lo que al club le corresponden aproximadamente 4,8 millones.  Hasta ahí, una decisión que puede discutirse pero que tiene lógica. Lo extraño aparece después. Según la información que surge desde el cuerpo técnico, Arruabarrena considera que perder a Zenón representa un problema deportivo. No era titular, pero sí una de las variantes que utilizaba con frecuencia: participó en nueve partidos durante este ciclo e incluso venía de convertir frente a Gimnasia de Mendoza.  Entonces volvemos sobre algo que venimos reclamando desde hace tiempo: planificación. Si Boca sabía que negociaba la salida de Zenón, también sabía que podía perder una pieza de recambio en plena competencia. No estamos en diciembre, con dos meses por delante para reconstruir el plantel. Estamos jugando los cuartos de final de la Copa Sudamericana, seguimos compitiendo en el Clausura y tenemos pendiente la resolución de la Copa Argentina. No parece el momento ideal para descubrir después de una venta que al entrenador le falta un futbolista. Además, las posibilidades para reemplazarlo son extremadamente reducidas. Boca todavía dispone del cupo extraordinario generado por la lesión de Tomás Aranda, pero como el Transfer Matching System ya está cerrado, solamente puede incorporar a un jugador que esté actualmente en el fútbol argentino o que haya quedado libre antes del 2 de septiembre.  Es decir: Boca tiene dinero, tiene una necesidad y prácticamente no tiene mercado. Por eso nos parece importante no transformar esto en una búsqueda desesperada simplemente para decir que llegó otro refuerzo. Si aparece un futbolista que realmente mejore el plantel, adelante. Boca necesita alternativas y el propio Vasco acaba de dejar en evidencia que considera insuficiente perder a Zenón sin reemplazarlo. Pero si no aparece alguien que convenza, sería todavía peor gastar por apuro. Ya tuvimos demasiado de eso. La cantidad de incorporaciones nunca garantiza la calidad de un mercado. Lo estamos viendo durante este semestre. Hay futbolistas que llegaron para transformarse en soluciones y todavía no consiguieron hacerlo. Algunos directamente están muy abajo en la consideración del entrenador. Por eso traer ahora un quinto refuerzo solamente para cubrir un casillero no solucionaría absolutamente nada. El caso Zenón también sirve para revisar cómo se administran los jugadores. Boca pagó alrededor de 3,5 millones de dólares por el 80 por ciento de su pase en 2024, además de incluir otros componentes en aquella negociación con Unión. Dos años después lo vende por una cifra que le permite recuperar la inversión económica, pero sin haber conseguido explotar definitivamente al futbolista que alguna vez parecía destinado a convertirse en una de las figuras del equipo.  Zenón se va después de 92 partidos, 12 goles y ocho asistencias. Tuvo momentos muy buenos, después perdió terreno, pasó períodos prácticamente relegado y con Arruabarrena había recuperado cierta participación sin convertirse nuevamente en titular.  No creemos que Boca haya cometido un disparate simplemente por venderlo. El futbolista quería salir, no era titular y apareció una transferencia definitiva. El problema es otro: si vas a desprenderte de él, tenés que saber antes cómo vas a cubrir el espacio que deja. Eso es planificación deportiva. Y justamente ahora el plantel empieza a mostrar cuánto necesita profundidad. Entre lesiones, desgaste y la seguidilla de partidos, Arruabarrena tuvo que volver a mirar hacia la Reserva y convocó a Lautaro Mendieta y Rodrigo Bacidalupe para sumar alternativas.  Nos encanta que los pibes tengan oportunidades. Venimos reclamándolo y este ciclo demostró que Boca Predio puede ofrecer soluciones importantes. Pero tampoco hay que confundir conceptos. Una cosa es promover juveniles porque están preparados y se ganaron la oportunidad. Otra muy diferente es tener que recurrir permanentemente a ellos porque el plantel profesional se quedó corto en determinadas posiciones. La cantera tiene que ser una elección deportiva, no un salvavidas para corregir la planificación. Arruabarrena ahora espera un volante. La dirigencia analiza ofrecimientos y todavía no apareció un nombre que termine de convencer.  Quedan horas y las restricciones reglamentarias hacen que cualquier negociación sea compleja. Nosotros preferimos que Boca no traiga a nadie antes que incorporar por desesperación. Pero también queremos una explicación deportiva coherente. Porque Zenón no desapareció de un día para otro. Boca llevaba semanas negociando con Atlas. La primera propuesta había sido rechazada, los mexicanos continuaron insistiendo y finalmente mejoraron las condiciones hasta alcanzar la venta definitiva.  Había tiempo para anticiparse. Si el Vasco consideraba que su salida debilitaba al plantel, el reemplazante debía empezar a buscarse antes de firmar la transferencia, no después. Ahora Boca corre contra el reloj intentando encontrar en cuatro días una solución dentro de un mercado prácticamente cerrado. Y ésa es la parte que preocupa. Vender a Zenón puede ser una decisión perfectamente defendible. Lo difícil de explicar sería haberlo vendido sabiendo que el entrenador necesitaba esa variante y recién después empezar a preguntarse quién puede ocupar su lugar. Boca no necesita otro refuerzo para sumar un nombre. Necesita un futbolista que realmente le sirva al Vasco. Y si no aparece, la dirigencia tendrá que asumir que volvió a llegar tarde a un problema que conocía de antemano.