Mercado de Pases

Marchesín, cerca del adiós: Boca debe resolver qué hacer con él

El arquero termina contrato el 31 de diciembre y, mientras continúa recuperándose de una rotura de ligamentos, todavía no recibió una propuesta de renovación. Montero se adueñó del arco y Brey quedó como alternativa, por lo que todo apunta a que su etapa en Boca podría terminar de una manera demasiado cruel.

  • 17/09/2026 • 12:01

El fútbol puede cambiar una historia en cuestión de segundos. Agustín Marchesín era el arquero titular de Boca y tenía por delante una temporada en la que buscaba consolidarse definitivamente en nuestro arco. Pero el 14 de abril, frente a Barcelona de Guayaquil por la Copa Libertadores, sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha y desde entonces todo cambió. La lesión lo dejó afuera por el resto de 2026 y ahora también amenaza con marcar el final de su etapa en el club. 

Su contrato vence el 31 de diciembre y hasta el momento no existe una propuesta concreta para renovarlo. La información que circula en estas horas incluso señala que, a priori, Boca no tendría decidido extender el vínculo. Marchesín continúa con la rehabilitación y podría volver a realizar trabajos de campo durante las próximas semanas, aunque una exigencia competitiva importante recién llegaría hacia noviembre o diciembre. 

Y ahí aparece una situación bastante incómoda.

Porque deportivamente Boca ya tomó una decisión durante su ausencia. La dirigencia salió al mercado y pagó alrededor de cuatro millones de dólares por Álvaro Montero, que llegó justamente ante la imposibilidad de contar con Marchesín. El colombiano atravesó algunas dudas iniciales, pero después respondió: fue decisivo contra Vélez en los penales, sostuvo al equipo frente a San Pablo y terminó ganándose la confianza de Arruabarrena. 

Hoy el arco tiene dueño.

Y detrás aparece Leandro Brey.

Por eso renovar a Marchesín ya no sería simplemente extender el contrato de quien era nuestro arquero titular antes de lesionarse. Boca tendría que sentarse con él y hablar con absoluta claridad sobre cuál sería su lugar en 2027.

Ahí creemos que no hay que cometer ninguno de los dos errores posibles.

No sería lógico renovarle únicamente por una cuestión sentimental si Arruabarrena considera que Montero será su titular y Brey continuará como alternativa. Pero tampoco nos gustaría que Boca simplemente deje vencer el contrato de un jugador que quedó afuera mientras defendía nuestra camiseta sin siquiera ofrecerle una conversación seria sobre su futuro.

Marchesín tiene 38 años. La edad importa, especialmente después de una lesión de ligamentos, y Boca tiene que evaluar su recuperación física antes de asumir un nuevo compromiso contractual. Pero tampoco estamos hablando de un futbolista que desapareció del equipo porque perdió el puesto dentro de la cancha.

Lo perdió porque se rompió.

Esa diferencia importa.

Desde su llegada a comienzos de 2025 disputó 53 partidos, recibió 40 goles y mantuvo 23 veces el arco invicto. Se puede discutir su rendimiento —como hacemos con cualquier jugador de Boca—, pero hasta aquella lesión era una pieza importante del equipo.

El problema es que mientras Marchesín se recuperaba, el club invirtió fuerte en su reemplazante. Montero tiene 31 años y Boca proyectó su llegada a largo plazo. En junio, cuando avanzó por su contratación, la intención era firmarle un vínculo por cuatro temporadas. 

Entonces aparece la pregunta inevitable: ¿qué lugar tendría Marchesín?

Si el club pretende renovarlo, deberá existir una lógica deportiva y económica. No tendría demasiado sentido sostener un contrato importante para tener un arquero experimentado relegado, especialmente si también queremos que Brey continúe desarrollándose y tenga oportunidades.

Pero si Boca decidió que no seguirá, también debería comunicárselo cuanto antes.

Eso es planificación.

Marchesín necesita saber si en enero estará haciendo la pretemporada para pelear nuevamente el arco o si deberá buscar otro club mientras termina una rehabilitación extremadamente exigente. Y Boca necesita saber cómo quiere conformar el puesto para 2027.

No todo tiene que transformarse en conflicto.

Además, la situación actual demuestra por qué fue razonable salir a buscar un arquero después de la lesión. Boca no podía afrontar todo el segundo semestre dependiendo de que Marchesín acelerara una recuperación que naturalmente demanda muchos meses. Montero fue una inversión considerable, pero empezó a responder precisamente en los partidos importantes. 

Acá, entonces, la discusión no pasa por enfrentar a uno contra otro.

Montero se ganó su lugar.

Brey merece seguir teniendo oportunidades.

Y Marchesín merece claridad.

La dirigencia de Riquelme tendrá que decidirlo antes del 31 de diciembre. No cuando falten dos días para que termine el contrato ni cuando el arquero ya esté negociando como libre con otro club. Boca tiene que definir si todavía existe un proyecto deportivo para él y actuar en consecuencia.

Porque hay algo particularmente ingrato en esta historia: Marchesín salió de nuestro arco por una lesión gravísima y podría no volver a ponerse nunca más la camiseta de Boca. La última imagen de su ciclo podría terminar siendo aquella salida lesionado frente a Barcelona, aplaudido por La Bombonera mientras todavía no conocíamos la gravedad de lo que había ocurrido. 

El fútbol es así de cruel.

Pero las decisiones dirigenciales no tienen por qué ser improvisadas.

Si Boca considera que el ciclo de Marchesín terminó, que se lo diga y le permita organizar su futuro. Si todavía cree que puede competir en 2027, que le presente una propuesta acorde al nuevo escenario. Lo único que no corresponde es llegar al 31 de diciembre sin una decisión. Porque Montero podrá haberse quedado con el arco, pero Marchesín merece saber con tiempo si también se quedó sin lugar en Boca.