Tomás Aranda está lesionado, no volverá a jugar durante lo que queda de 2026 y tiene por delante una recuperación larga. Sin embargo, Europa no se olvidó de él. Arsenal mantiene al juvenil de Boca en su radar y distintas versiones aseguran que podría avanzar con una propuesta cuando se abra el mercado de 2027. El interés del conjunto inglés no es nuevo: ya durante julio medios vinculados al mercado europeo habían informado que seguía al enganche y analizaba realizar una oferta.  Y para nosotros la noticia debería funcionar como una advertencia. No porque haya que desesperarse cada vez que aparece el nombre de un club europeo. Tampoco porque exista hoy una oferta formal que obligue a Boca a sentarse a negociar. Por ahora estamos hablando de seguimiento e interés, y es importante diferenciar una cosa de la otra. Pero con Aranda hay algo evidente: si vuelve bien de su lesión y continúa el crecimiento que mostró durante 2026, los llamados van a llegar. Arsenal no sería el único interesado. En las últimas semanas también aparecieron versiones que vincularon al juvenil con Chelsea, mientras que otros clubes europeos fueron relacionados con su nombre durante el año. En el caso del conjunto londinense, se informó incluso que lo observa pensando en 2027, aunque tampoco existe hasta ahora una propuesta oficial conocida.  Eso debería obligar a Boca a pensar antes y no después. Aranda tiene apenas 19 años y se convirtió en una de las grandes apariciones de nuestras inferiores. Arruabarrena le entregó confianza, terminó adueñándose de la camiseta número 10 y pasó de ser una alternativa del Predio a convertirse en una pieza importante del equipo. CONMEBOL destacó precisamente ese crecimiento y cómo terminó ganándose un lugar central dentro del Boca del Vasco.  Por eso nos dolió tanto su lesión. El 26 de agosto sufrió una fractura del peroné derecho durante un entrenamiento. Posteriormente fue operado y Boca confirmó que la intervención había resultado satisfactoria. Los tiempos estimados de recuperación lo dejaron prácticamente descartado para el resto de 2026 y con el objetivo puesto en regresar durante 2027.  Ahora no queremos apurarlo. Aranda tiene que recuperarse completamente. No importa Arsenal, Chelsea ni ningún mercado de pases mientras el pibe todavía está rehabilitándose de una lesión semejante. Boca tiene que cuidarlo y darle todo el tiempo que necesite para volver sin condicionamientos. Pero cuidarlo físicamente no significa dormirse dirigencialmente. Ahí aparece nuestra preocupación. Boca ya vivió demasiadas historias en las que un juvenil llegó al tramo decisivo de su contrato, Europa comenzó a acercarse y recién entonces apareció la desesperación por renovar, mejorar una cláusula o conseguir una venta razonable. Con Aranda existe una ventaja: todavía hay tiempo. El enganche tiene contrato hasta diciembre de 2029.  Eso le da al club una posición mucho más cómoda que en otros casos y evita que cualquier negociación tenga que hacerse con la urgencia de un vínculo próximo a terminar. Pero tener contrato largo no significa que Boca pueda quedarse quieto. Porque acá aparece una discusión que nosotros venimos sosteniendo desde hace tiempo: el Predio no puede existir solamente para solucionar problemas del primer equipo y después financiar el balance mediante ventas rápidas. Si formamos un futbolista diferente, si lo esperamos durante años, si le damos Primera y finalmente explota, Boca tiene que intentar disfrutarlo. Aranda no debería ser considerado simplemente una futura transferencia. Queremos verlo recuperado. Queremos verlo otra vez con la 10. Queremos saber hasta dónde puede llegar jugando en Boca antes de empezar a calcular cuánto ofrece un equipo de Inglaterra. Y esto no significa cerrar las puertas para siempre. El fútbol argentino compite contra una desigualdad económica gigantesca y sería ingenuo pensar que Boca puede retener indefinidamente a cualquier juvenil que despierte interés de la Premier League. Si mañana llega una propuesta extraordinaria, habrá que analizarla. Pero extraordinaria significa extraordinaria para Boca, no simplemente importante para nuestra economía. Ahí está la diferencia. No podemos formar jugadores para que después los clubes europeos encuentren oportunidades baratas. Mucho menos con un chico que ya mostró condiciones para convertirse en uno de los futbolistas alrededor de los cuales se puede construir el Boca de los próximos años. La lesión incluso debería darle tiempo a la dirigencia para trabajar sin apuro. Aranda está concentrado en recuperarse. Arruabarrena sabe que no podrá utilizarlo durante los próximos meses. Boca sabe que Europa lo observa. Entonces hay margen para revisar cada detalle contractual y establecer desde ahora cuál será la postura si efectivamente aparecen propuestas en enero. Y hay otro aspecto que tampoco queremos perder. No hay que cargarle a Aranda el peso de convertirse en “el próximo” nadie. Ya vimos demasiadas veces cómo a un juvenil que juega cinco buenos partidos empiezan a compararlo con ídolos, a ponerle valores astronómicos y a exigirle que resuelva todos los problemas del equipo. Aranda tiene 19 años. Incluso antes de lesionarse todavía estaba construyendo su lugar. La camiseta 10 ya pesa suficiente. Por eso Boca tiene que protegerlo en las dos dimensiones: futbolística y patrimonialmente. Que se recupere sin apuros. Que vuelva cuando realmente esté listo. Que Arruabarrena vuelva a darle minutos progresivamente. Y que, mientras tanto, la dirigencia haga su trabajo para que cuando Arsenal, Chelsea o cualquier potencia europea toque verdaderamente la puerta, Boca negocie desde una posición fuerte. No queremos otra historia en la que primero aparezca Europa y después nos acordemos de proteger al jugador. Esta vez sabemos lo que tenemos. Aranda salió del Predio, se ganó la 10 y ya consiguió que desde Inglaterra miren hacia La Boca incluso mientras está lesionado. Si Riquelme realmente lo considera una pieza fundamental para 2027, entonces tiene que demostrarlo antes de que llegue la oferta: cuidarlo, valorarlo y dejar en claro que nuestra joya no se va por cualquier cifra.