Mercado de Pases

El Vasco pidió refuerzos y Riquelme volvió a llegar sobre la hora

Arruabarrena fue claro con lo que necesitaba: primero reclamó un central y, después de la venta de Zenón, pidió un volante. El defensor nunca llegó y ahora Boca corre contra el reloj por Matías Galarza. Si al técnico lo elegimos para pelear todo, también hay que darle las herramientas para hacerlo.

  • 14/09/2026 • 06:04

Hay algo que en Boca empieza a repetirse demasiado y que ya no podemos justificar como una simple dificultad del mercado: Rodolfo Arruabarrena marca una necesidad y la dirigencia llega al límite intentando resolverla.

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El Vasco no pidió una revolución. Tampoco exigió diez incorporaciones ni nombres imposibles para armar un equipo completamente nuevo. Fue bastante concreto. Durante el mercado consideró necesario sumar un marcador central y hasta se lo hizo saber públicamente a Juan Román Riquelme: “Él sabe lo que necesito”. Su prioridad era Francisco Álvarez, de Argentinos Juniors, aunque también se analizaron otras alternativas. 

El mercado cerró y el central que quería Arruabarrena nunca llegó.

Después se fue Kevin Zenón al Atlas de México por seis millones de dólares. Boca tenía el 80 por ciento de su ficha y recibió 4,8 millones por la operación. Zenón no era titular indiscutido, pero sí una de las primeras alternativas del Vasco: había participado en nueve partidos durante su ciclo y venía de convertir frente a Gimnasia de Mendoza. Su salida achicó todavía más una rotación que ya venía sufriendo por lesiones y desgaste. 

Entonces el entrenador volvió a marcar una necesidad: un volante.

Y otra vez llegamos corriendo.

A menos de dos días de que venciera el plazo extraordinario para incorporar por la lesión de Tomás Aranda, Boca presentó una oferta de cuatro millones de dólares por el 80 por ciento de Matías Galarza, mediocampista de Talleres. La dirigencia intenta cerrar ahora una incorporación que el cuerpo técnico considera necesaria para compensar la salida de Zenón. 

Y acá aparece nuestra crítica.

No es Galarza. Puede venir y romperla. O puede no llegar. Tampoco estamos diciendo que Boca tenga que pagar cualquier cifra que le pidan porque el Vasco quiere un futbolista. Administrar responsablemente también significa saber decir que no.

El problema es llegar siempre con el agua al cuello.

Boca sabía que tenía un semestre cargadísimo. Sabía que estaba jugando tres competencias. Sabía que había futbolistas lesionados. Sabía que Paredes venía acumulando una cantidad enorme de minutos. Sabía que la defensa había sufrido bajas. Y sabía, sobre todo, qué posiciones había señalado su entrenador.

Sin embargo, el central quedó en el camino y ahora el volante se busca contrarreloj. Después queremos exigirle al Vasco que rote.

Queremos que cuide a Paredes.

Queremos que llegue con el equipo entero a las noches de Copa.

Queremos competir por el Clausura, la Copa Argentina y la Sudamericana al mismo tiempo.

Perfecto.

¿Con qué plantel?

Porque la realidad terminó obligando a Arruabarrena a recurrir una y otra vez al Predio. Contra Central Córdoba llegó a convocar a Lautaro Mendieta y Rodrigo Bacidalupe en medio de una seguidilla de lesiones, desgaste y la salida de Zenón. El propio contexto obligó al técnico a profundizar todavía más una apuesta por los juveniles que ya venía realizando. 

Y por suerte los pibes responden.

Facundo Herrera directamente se ganó un lugar y hoy es uno de los jugadores más queridos por nuestra gente. Flores demostró que puede entrar sin miedo. Satas tuvo su oportunidad. Bacidalupe debutó contra Central Córdoba. Hay material y Arruabarrena está demostrando que no tiene ningún problema en utilizarlo. 

Por eso tampoco sirve utilizar a los juveniles como explicación para todo.

El Predio es una solución deportiva, no una coartada para un mercado incompleto.

Que Herrera haya aparecido y jugado como si tuviera cien partidos en Primera es mérito suyo, del trabajo de Inferiores y del entrenador que se animó a ponerlo. No convierte automáticamente en correcta la decisión de no conseguir el central que el cuerpo técnico había pedido.

Son dos cosas completamente diferentes.

Y esto también vale para el mediocampo.

Rodrigo Battaglia empezó a reincorporarse después de muchos meses afuera por su problema en el tendón de Aquiles. Milton Delgado volvió a estar disponible para San Pablo. Son excelentes noticias. Pero recuperar lesionados tampoco significa que la dirigencia pueda ignorar que salió un futbolista que el Vasco utilizaba habitualmente dentro de la rotación. 

Más todavía cuando el calendario no espera a nadie.

Boca está a 90 minutos de meterse en las semifinales de la Copa Sudamericana. Después tiene a Racing esperando por Copa Argentina y simultáneamente debe sostenerse en el campeonato. No estamos armando el plantel para jugar un amistoso de verano. Estamos atravesando ahora mismo el momento en el que necesitamos las variantes.

Por eso la cuestión no pasa solamente por comprar buenos jugadores.

También hay que comprarlos a tiempo.

Un refuerzo que llega con anticipación conoce a sus compañeros, entiende los movimientos que pretende el técnico, se pone físicamente a punto y puede incorporarse progresivamente al equipo. El que llega sobre el cierre aterriza cuando ya estamos jugando partidos que pueden definir una temporada.

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Riquelme tiene todo el derecho del mundo a considerar que hizo un buen mercado. Y nosotros reconoceremos cada incorporación que funcione. Pero el presidente no puede evaluar el plantel únicamente desde su propia conformidad.

El técnico también tiene que estar conforme. Porque después, cuando Boca pierde, nadie dice que Arruabarrena pidió un central y no llegó. Le caemos al Vasco. Cuando hace mal los cambios, lo criticamos. Cuando el equipo se mete atrás, señalamos al entrenador. Cuando rota y el equipo baja su nivel, también miramos el banco.

Y está perfecto. Arruabarrena aceptó dirigir Boca y sabe perfectamente dónde está sentado. Pero entonces seamos igualmente exigentes con todos. Si el técnico responde por el funcionamiento, la dirigencia tiene que responder por la construcción del plantel.

El caso del central ya dejó una señal. Francisco Álvarez fue durante semanas el principal apuntado para satisfacer una necesidad que el propio cuerpo técnico había comunicado. La operación no se concretó.  Ahora Boca intenta que no ocurra lo mismo con el mediocampista y puso dinero sobre la mesa por Galarza cuando el reloj prácticamente está llegando a cero. 

No queremos nombres para llenar una lista.

Si Galarza no representa una mejora, que no venga. Si Talleres pretende una cifra absurda, que Boca no la pague. Eso también es cuidar al club.

Pero entonces habrá que explicar por qué nuevamente llegamos al último momento sin haber resuelto una necesidad que el entrenador había marcado.

Porque Boca no puede manejar un mercado como si recién descubriera sus problemas cuando está por cerrarse la ventanilla.

El Vasco pidió un central y no lo tuvo. Perdió a Zenón y pidió recuperar una variante en el mediocampo. Ahora la dirigencia corre detrás de Galarza.

Riquelme eligió a Arruabarrena para conducir este Boca. Si confía en él para ir a buscar tres competencias, también tiene que respaldarlo cuando arma el plantel. Después podremos exigirle al Vasco que gane. Pero no vale pedirle que tenga todas las respuestas mientras desde arriba siguen llegando tarde con las herramientas.