Algo empezó a cambiar en Boca. Durante buena parte del mercado escuchamos que el plantel estaba bien armado, que habían llegado los futbolistas buscados y que Juan Román Riquelme estaba satisfecho con las incorporaciones realizadas. Sin embargo, Rodolfo Arruabarrena dejó planteada una necesidad concreta: quiere otro mediocampista, más variantes y mayor jerarquía en una zona donde el equipo quedó demasiado corto. Y ahora apareció Franco Ibarra. El volante de Rosario Central está entre los nombres que analiza Boca y el propio Riquelme habría reconocido que le gusta mucho. Todavía no existe una oferta formal ni una negociación abierta con el Canalla, pero su aparición no es casual: responde directamente a un pedido del Vasco.  Ahí está lo verdaderamente importante de esta noticia. Porque esta vez a Riquelme le cuesta mucho más mirar para otro lado. Arruabarrena se expuso pidiendo públicamente herramientas. No pidió una colección de refuerzos ni reclamó cambiar medio plantel. Marcó una necesidad futbolística concreta. Y después de todo lo que venimos viendo, cuesta discutirle el diagnóstico. Boca depende demasiado de pocos jugadores en el medio. Leandro Paredes es prácticamente irreemplazable para conducir. Santiago Ascacíbar aporta una intensidad que tampoco sobra. Milton Delgado se convirtió en una pieza muy importante y además está permanentemente rodeado por versiones de posibles ofertas desde Europa. Cuando alguno falta, la estructura pierde muchísimo.  Eso quedó expuesto cada vez que el Vasco intentó rotar. Y acá aparece una contradicción que la dirigencia tendrá que resolver. No se puede sostener públicamente que el plantel está completo y después comprobar que el propio entrenador necesita administrar a sus titulares porque no encuentra reemplazos del mismo nivel. Una cosa es tener muchos futbolistas. Otra muy distinta es tener soluciones. Venimos insistiendo precisamente con eso. Boca incorporó nombres, gastó dinero y acumuló alternativas, pero no necesariamente construyó un plantel equilibrado. Y cuando llegamos a septiembre, con Copa Sudamericana, torneo local y Copa Argentina en juego, empieza a verse quién realmente puede entrar y quién aparece solamente para completar una lista. Arruabarrena parece haberlo entendido. Por eso pidió un volante. Y si Riquelme decidió sostener al Vasco y confiar en su proyecto, ahora también debe escuchar lo que necesita. No tendría demasiado sentido elegir un entrenador y después obligarlo a competir únicamente con el plantel que la dirigencia considera suficiente. El entrenador es quien trabaja todos los días con los jugadores. Si dice que falta algo, como mínimo merece que Boca lo intente. Franco Ibarra aparece como una posibilidad interesante. Es titular consolidado en Rosario Central, tiene contrato hasta fines de 2027 y el club rosarino no tiene ninguna necesidad de desprenderse de él. Eso hace que cualquier negociación sea complicada, especialmente porque el mercado argentino ordinario ya cerró.  Por eso tampoco queremos vender humo. Hoy Ibarra no está cerca de Boca. No existe acuerdo, no hay una transferencia encaminada y ni siquiera comenzó una negociación formal. Su nombre forma parte de una búsqueda en la que también aparecen otras alternativas, entre ellas Matías Galarza.  Pero políticamente la noticia sí dice bastante. Dice que finalmente la dirigencia reconoce que el plantel todavía tiene una necesidad. Y eso es importante después de escuchar durante meses discursos mucho más optimistas sobre el mercado. Riquelme puede decir que está conforme con los jugadores que llegaron. Está en todo su derecho. Pero después habla la cancha, habla el entrenador y hablan las circunstancias. Aranda quedó afuera por una lesión grave, Zenón salió rumbo a México y Delgado sufrió problemas físicos mientras al mismo tiempo aparecen clubes interesados en llevárselo. Boca necesita profundidad.  No hace falta dramatizar. Hace falta actuar. Porque el peor error sería esperar otra lesión, otra venta o una eliminación para descubrir recién entonces que faltaba un futbolista. Eso ya nos pasó demasiadas veces. También hay otra cuestión: si el Vasco pide un nombre, la dirigencia no puede limitarse a filtrar alternativas imposibles y después explicar que no se pudo. Boca tiene que trabajar seriamente para encontrar una opción viable. Si Ibarra resulta demasiado caro o Central directamente no quiere venderlo, habrá que ir por otro. Lo importante no es cumplir un capricho puntual. Lo importante es cubrir la necesidad. Y ahí es donde Riquelme queda ahora bajo observación. Porque durante mucho tiempo se criticó a Boca por un mercado en el que algunas decisiones parecieron responder más al gusto dirigencial que a una construcción deportiva integral. Esta vez tenemos al entrenador diciendo qué necesita. Perfecto. Entonces hay que escucharlo. No mañana. Ahora. Franco Ibarra puede llegar o no. Tal vez Rosario Central pida una cifra imposible, tal vez el mercado termine cerrando cualquier puerta o quizá Boca encuentre otra alternativa. Pero después de que el Vasco dejó expuesta la necesidad, Riquelme ya no tiene demasiado margen para fingir que el problema no existe.